Cuando acudir al credit
scoring y al rating (I parte) Boletín de Expertos en Riesgo
Boletín
Número: 20
26 de Noviembre de 2002
EXPERTOS
EN RED
Cuando
acudir al credit scoring y al rating
El
credit scoring aparece en España a
mediados de los años 80 debido a las nuevas
necesidades que planteaba la creciente demanda del
crédito por parte de los particulares. En
sus inicios, la aplicación de esta técnica
se restringía casi exclusivamente a los préstamos
al consumo, ya que su importante volumen y bajo
importe de los mismos exigía un análisis
rápido de las solicitudes que permitiera
dar respuesta a las mismas y garantizar la rentabilidad
del producto. Posteriormente, se extiende la utilización
de esta técnica a otros productos menos masivos
y de importes más elevados, como los préstamos
hipotecarios, y consolida su éxito con la
generalización de otros productos como las
tarjetas de crédito.
La
utilización de esta técnica para el
análisis de las empresas plantea en un inicio
importantes dificultades. Por un lado, el bajo volumen
y el elevado importe de las operaciones no justifican
un análisis automático de las mismas.
En estas operaciones la rapidez en la decisión
es poco relevante y el riesgo es elevado. Pero,
además la heterogeneidad de las empresas
y la diversidad de productos añade otra dificultad.
Dentro
de este universo variopinto de empresas se empieza
separando a las grandes empresas, para las que se
utiliza el rating, capitalizando la opinión
o juicio de experto y que permite homogeneizar los
criterios de análisis. Cuando el tamaño
de la empresa es más reducido, la información
de análisis más homogénea y
el importe de las operaciones más reducido,
se aplica el credit scoring, una variante
automática del rating. La diferencia
principal entre la aplicación del credit
scoring para particulares o para empresas radica
en la información que se utiliza en la construcción
de los modelos. Sin embargo, esta división
entre particulares y empresas para el análisis
del riesgo crediticio deja en tierra de nadie a
los autónomos y microempresas, donde, sin
embargo, el negocio es suficientemente masivo como
para pretender atenderlo de forma completamente
manual.
Ante
esta situación se plantea la necesidad de
disponer de una herramienta específica para
este segmento. Pero, ¿está justificada?
Podemos encontrar muchos elementos que nos hacen
responder afirmativamente a esta pregunta:
Distribución
de la población total de empresas activas
a enero 99 (DIRCE)
Alta
concentración de autónomos por cada
punto de venta. En España existen 2.945.000
trabajadores por cuenta propia, que deben financiar
su actividad económica con fondos propios
o financiación externa.
Gran
peso específico de los autónomos y
microempresas dentro de la actividad de las instituciones
financieras. Aproximadamente el 90% de las operaciones
de riesgo de empresas corresponde al colectivo de
autónomos y microempresas, con un límite
medio de 30 mil euros por operación. Es decir,
un volumen importante de operaciones con importes
que no justifican un análisis excesivamente
complejo y laborioso.
Si
bien en un principio la utilización del credit
scoring y del rating se situaba casi
exclusivamente en la entidades financieras, hoy
en día se ha extendido su utilización
a todos los ámbitos en los que existe la
posibilidad de incurrir en pérdidas en caso
de que una contraparte no haga frente, en tiempo
y formal, a las obligaciones financieras contraídas
con una entidad.
Clasificación
de los algoritmos de credit scoring
Si
bien los algoritmos de credit scoring se
pueden clasificar, como hemos visto, en función
del tipo de clientes al que debe dar respuesta,
conviene distinguirlos también por el tipo
de información con la que se desarrollan
y el fin que persiguen. De este modo los podemos
clasificar en:
Reactivos
Son
aquellos que responden a una demanda del cliente.
En este caso, la información para el análisis
dependerá del tipo de cliente que estemos
analizando. En el caso de particulares, la información
básica a utilizar es la del perfil socio-económico
del titular, así como los datos básicos
de la operación.
En
el caso de empresas, será necesario determinar
en primer lugar el perfil en el que encaja la misma.
En este sentido conviene distinguir con criterios
objetivos cuándo estamos hablando de evaluar
a una pequeña o mediana empresa y cuándo
se trata de un autónomo o microempresa. El
segmento más complicado de encajar es éste
último ya que queda a caballo de los particulares
y de las empresas. El perfil de esta población
depende en gran medida de las características
de los productos de riesgo, los segmentos de mercado
a los que se dirige cada entidad, etc.
Se
pueden establecer, de forma general, los siguientes
criterios:
Personas
físicas con actividad empresarial Persona
física en módulos, sin balance-contabilidad. Persona
física con balance representativo.
Persona
jurídica con ventas hasta 1 millón
de euros Sociedad
familiar con balance representativo. Sociedad
de varios socios, gerencia compartida y balance
representativo.
Estos
límites pueden variar dependiendo del perfil
de la muestra con la que se cuente para el desarrollo
del modelo o bien de las características
del segmento de mercado que se desee evaluar. En
el caso de los algoritmos para autónomos
y microempresas, la información a utilizar
será la del perfil del empresario y el perfil
de la actividad que desarrolla.
En
el caso de pequeñas y medianas empresas será
relevante el análisis del perfil de la empresa
así como de variables financieras.
Proactivos
Son
aquellos que se anticipan a las necesidades de los
clientes calculando el riesgo máximo que
pueden asumir para cada uno de los productos que
tienen la posibilidad de contratar. Por tanto, en
este caso no existe el concepto de solicitud
y la información de análisis se debe
basar en la información que el prestatario
conoce del solicitante. Queda claro que este
tipo de algoritmos únicamente son válidos
para clientes vinculados con la entidad y
de los cuales hay información suficiente
que permita distinguir los buenos de los malos clientes.
Los algoritmos proactivos permiten calificar a todos
los clientes con sus límites adecuados, ya
sea evaluándolos en modo batch o bien
respondiendo a una solicitud de límite on
line. La información susceptible de ser
utilizada es toda aquella que figure en las bases
de datos de la entidad. A modo de ejemplo, un scoring
proactivo de una entidad financiera para el segmento
de particulares utilizaría información
del siguiente tipo:
Información
de cabecera Antigüedad
como cliente. Edad.
Información
sobre los servicios que utiliza Domiciliación
de nómina. Domiciliación
de recibos básicos / no básicos. Utilización
de la tarjeta de débito.
Información
sobre pasivos Saldo
medio de pasivo a la vista. Evolución
de los saldos. Importes
al haber / debe. Productos
de pasivo a plazo e inversión.
Información
sobre activos Experiencia
anterior en la tenencia de productos de activo. Utilización
de tarjetas de crédito en comercios y cajeros. Ratio
de utilización de las tarjetas.
Comportamentales
El
objetivo de los algoritmos comportamentales es generar
un modelo que, en base a la información de
comportamiento del cliente respecto a la utilización
y pago de un producto de activo en su historia reciente
(por ejemplo, el último semestre), determine
el comportamiento esperado del mismo, en cuanto
a cumplimiento de sus obligaciones de pago, en un
futuro inmediato (por ejemplo, en los próximos
seis meses). Además, el sistema determina
los límites máximos de exposición
de riesgo para cada cliente, por productos y según
la calificación del riesgo.
Los
algoritmos comportamentales se basan en la información
generada por el cliente por su utilización
de los productos de activo y en la relación
de vinculación con la entidad que genera
esta utilización. A grandes rasgos, la información
utilizada es del tipo:
Datos
de utilización del producto: Para
productos revolving: ratios de utilización,
modo de pago, tipo de tarjeta, antigüedad. Para
préstamos: tipo de préstamo, madurez,
ratio de financiación.
Datos
de comportamiento de pago: Tranking
de pagos en el producto. Comportamiento
de pago en otros productos.
(Continuará
en el próximo número)
David Fernández
Consultor de AIS